1.2.14

El pensamiento no delinque


Con la frase "el pensamiento no delinque" he "defendido" (me resulta evidente la ironía de que yo defienda) sucesivamente a Martín Heidegger (conste que solamente de un libro que lo suprimía como pensador al probar su temporal nazismo), y también la ateología de Fernando Savater. No debe tirarse al niño con el agua sucia, recordaban los clásicos.


Porque hay que advertir, con toda su importancia, que declarando libre el pensamiento, pero impidiendo que llegue a la impresión, ese pensamiento primero se agua, luego se deteriora y termina desapareciendo. Sin libertad de imprenta (que se decía antes) no hay libertad de pensamiento. Porque las ideas las sostienen hombres en mutua conversación y debate, y sin esa plaza pública de la impresión no hay debate, no existe el experimento y error de la confrontación de ideas con ideas, y por lo tanto la libertad de pensamiento resulta una mera declaración de intenciones, un fraude.


Un fraude o una "libertad" como la ofrecida por el que fue mi profesor de Formación del Espíritu Nacional, se podía escribir cualquier cosa, aunque para el cajón. Sabiendo que el cajón carece de cualquier salida.


Pero al defender a Heidegger o a Savater, independizando su actividad intelectual, digna de debate, de su postura política, también nombraba, a contrario, el pensamiento de Rosa Luxemburgo, de L.Troski de G. Lukacs o de A. Nin ; e incluso a Althusser, el homicida de su mujer, a quién tantos no se atreven a mencionar cuando aprendieron de memoria sus traducciones (muchos de los integrantes del Aparato Ideológico del Estado por excelencia). Es decir que el pensamiento no debe demonizarse (creo que es bastante acertado este adjetivo teologizante, dado el ambiente) sino rebatirse o aceptarse según la capacidad o el interés que guíe a cada uno en la confrontación de ideas.


Lo peor es cuando las ideas brillan por su ausencia, porque esa oscuridad de los hechos sin explicación acaba rellenando la cabeza a muchos, seguramente a demasiados, e impide que comprendamos que el debate del pensamiento aporta luz sobre los actos y los hechos, nunca delinque.

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