22.2.14

Invitado: Deng Yushan

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La Casa Blanca no debería convertirse en un púlpito abusador para los secesionistas tibetanos

BEIJING, 21 feb (Xinhua) -- La Casa Blanca ha anunciado que Barack Obama recibirá al Dalai Lama en Washington el viernes por la mañana, lo cual supondría la tercera reunión entre ambos desde que Obama asumiera la presidencia en 2009.El gesto es lamentable y dañino. Supone una ruptura clara de la promesa de Washington de abstenerse de intervenir en los asuntos internos de China, y menoscabaría el ímpetu positivo que tanto ha costado lograr en el desarrollo de sus relaciones.Menos de tres meses después de asumir el cargo, el presidente chino, Xi Jinping, viajó a California en junio de 2013 para reunirse con Obama en la finca de Annenberg, también conocida como Sunnylands, trayendo consigo un nuevo período soleado para las relaciones entre ambos países.Guiados por la visión compartida de construir un nuevo tipo de relaciones entre países principales, China y Estados Unidos han sido testigos desde entonces de una cooperación cada vez mayor en los ámbitos político, económico, cultural y militar.En un contexto tan favorable, este debería ser el momento de que los dos pesos pesados globales aprovechen el ímpetu y conduzcan a sus relaciones hacia delante en el camino acertado.Por ello, la reunión entre Obama y el Dalai Lama es especialmente fuera de lugar y dolorosa. Es de sentido común que accionar los frenos de un coche que avanza a gran velocidad puede tener consecuencias impredecibles.Algunos podrían interpretar el gesto no provocado en el contexto de que Washington está en modo campaña para las próximas elecciones legislativas, y argumentar que se trata de una táctica para ganar votos diseñada para complacer a las audiencias domésticas, pero que no está destinada a dañar las relaciones entre China y Estados Unidos.
Esta línea de pensamiento es miope y poco realista. A pesar de que podría ayudar a conseguir unos cuantos puntos políticos fáciles en casa, el movimiento táctico infligiría unos disturbios innecesarios en las relaciones entre China y Estados Unidos, de gran importancia estratégica, lo cual a su vez se traduciría en pérdidas concretas.Además, la insensatez de Washington de utilizar al Dalai Lama para alardear de su superioridad moral es fundamentalmente un error. El Dalai Lama es básicamente un fugitivo político cuyo grupo instiga actividades separatistas, incluidas las autoinmolaciones.La reunión entre Obama y el Dalai Lama enviará un mensaje equivocado a los secesionistas tibetanos y los animará a retomar las actividades extremistas que se contradicen con los derechos humanos que Washington dice defender.China y Estados Unidos protagonizan una de las relaciones bilaterales más importantes en el mundo, en un momento en que varios desafíos globales exigen mayor cooperación entre ellos.Así las cosas, los políticos estadounidenses deberían abstenerse de la mala costumbre de emplear las relaciones entre los dos países como herramienta para conseguir ganancias a corto plazo, y ayudar a asegurar que su país trabaja junto con Beijing para que las relaciones bilaterales sigan avanzando en la dirección correcta.El respeto mutuo y la gestión de las diferencias bilaterales en cuestiones sensibles a través de enfoques prudentes sería un buen comienzo.

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